Destacan también en la producción escrita de Jovellanos, aunque no se traten de obras literarias, su correspondencia y su Diario. La primera, no sólo por su amplitud y la cantidad de corresponsales con los que la mantuvo, sino también por su calidad en la escritura, su fineza en la expresión de sentimientos y circunstancias y, en definitiva, porque nos enseña muchas cosas del personaje, de su vida y de su época. A través de la correspondencia jovellanista no sólo nos internamos en el núcleo de sus pensamientos y de los acontecimientos fundamentales de su vida, sino que podemos saber más acerca de cómo eran los hombres del siglo XVIII español, cuáles sus costumbres, cómo era, en definitiva, el acontecer de aquellas gentes. Jovellanos domina a la perfección la técnica epistolar, sabe interesar al interlocutor, provocarle, reñirle si lo cree oportuno, darle buenas noticias, todo con un lenguaje tierno, práctico, efectista, con un dominio de la lengua que hace del conjunto de su epistolario un placer para la lectura.   

   El Diario, con interrupciones, desde 1790 a 1810 es uno de los más interesantes en su género del siglo XVIII español. Se trata de un texto escrito siguiendo la costumbre de la época, mezclando las anotaciones hechas en los viajes, al modo de los grandes diarios europeos, y las minucias de la vida cotidiana. Esta mezcla de datos proporciona al lector una información exhaustiva, al tiempo que, como sucede con las cartas, nos permite acercarnos a la vida de su autor hasta en los más breves y curiosos detalles. Es la obra de Jovellanos por medio de la que mejor podemos observar su carácter crítico y práctico a la vez, su inmenso sentido de la responsabilidad y su gusto por el progreso y el bienestar sociales. Sus grandes dotes de observación nos presentan una España que, aunque vista siempre a través de sus ojos y descrita parcialmente, avanzaba con paso lento y grandes dificultades, hacia el siglo XIX. Muy interesantes son los datos que aporta sobre las lecturas que hace en cada época, las descripciones y anotaciones de los monumentos que encuentra a su paso, y todas sus observaciones acerca de la marcha de la política nacional e internacional, así como lo referido al Instituto Asturiano de Náutica y Mineralogía que instituyó en Gijón.   

   No podemos dejar de citar aquí sus importantes escritos e informes, hechos por encargo de academias, sociedades o secretarías. Así, son fundamentales el Elogio de las Bellas Artes (1781), el Informe en el expediente de Ley Agraria (1794), la Memoria sobre los espectáculos públicos, la Descripción del castillo de Bellver, las Cartas del viaje de Asturias (1782-1788), el Reglamento para llevar a efecto el plan de estudios del Colegio Imperial de Calatrava (1790), la Memoria en Defensa de la Junta Central (1811), el Tratado teórico-práctico de enseñanza y los discursos y oraciones que Jovellanos escribió para pronunciar en el Instituto Asturiano de Gijón. Para éste, además de la Oración inaugural (1794), escribió sus oraciones sobre la Necesidad de unir el estudio de la literatura al de las ciencias (1797), Sobre el estudio de las ciencias naturales (1799), Sobre el estudio de la geografía histórica (1800) y Sobre la instrucción pública (1801).  
 

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