En el Museo se expone una selección de obras que facilitan un conocimiento general de las grandes tendencias artísticas desarrolladas en Asturias desde la segunda mitad del siglo XIX. El realismo costumbrista, de marcado carácter regionalista, presente en Pescadoras de marisco (1912) y Descanso en la faena (1904) de Ventura Alvarez Sala (1869-1919), junto a los retratos de Dionisio Fierros (1827-1894), los bodegones de Julia Alcayde (1855-1939) y la producción paisajística de Nemesio Lavilla ((1860-1946) y Juan Martínez Abades (1862-1920) muestran los principales temas abordados por las figuras más significativas de la pintura asturiana de finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

   La primera generación de pintores asturianos del siglo XX, está representada por Evaristo Valle(1873-1951) y Nicanor Piñole (1878-1978), responsables de la renovación artística que se desencadena en nuestra región a principios de este siglo. Sus pinturas reflejan distintos aspectos del paisaje humano de Asturias, desde dos concepciones pictóricas completamente distintas que se desarrollan en un mismo tiempo y espacio. La vuelta de la romería (1915) de Nicanor Piñole y el Idilio campesino (h. 1918) de Evaristo Valle permiten valorar el diferente posicionamiento estético de ambos autores a la hora de abordar el mundo rural asturiano. 

   Una interesante representación de la producción artística de Joaquín Vaquero(1900-1998), Orlando Pelayo (1920-1990), Antonio Suárez (1923) y Alejandro Mieres (1927) constata la vinculación de las artes plásticas asturianas a los primeros movimientos de vanguardia. Estos fondos se complementan con una amplia selección de los artistas más jóvenes cuyas creaciones, recientemente incorporadas, permiten un recorrido por las distintas corrientes estéticas dominantes en el arte asturiano contemporáneo.

   El itinerario por la escultura asturiana se inicia con una de las obras más emblemáticas de Sebastián Miranda (1885-1975) El retablo del mar, relieve en madera policromada que recrea la vieja rula de Gijón, y entra de lleno en el lenguaje escultórico contemporáneo con las obras de Joaquín Rubio Camín (1929) Amador Rodríguez (1926), Cesar Montaña (1928) y José Mª Navascués (1934-1979) cuya colección es una de las más completas del autor, al incluir una buena representación de las sucesivas etapas de su sugestiva trayectoria escultórica.

   Además del Legado de Severo Ochoa, el Museo conserva el Legado Lledó Suárez que posibilita un recorrido general por las distintas escuelas europeas de los siglos XVII y XVIII. Especial atención merece la pintura de la escuela flamenca y holandesa, con obras tan relevantes como el Retrato de dama de Cornelis de Vos (1584-1651), La anunciación de los pastores de H. Van Balen (1575-1632) o el San Gregorio de Arthur Wolffort (1581-1641), y la escuela inglesa, con el Retrato del Marqués de Wellesley de Sir Thomas Lawrence (1769-1830). La colección incluye una extensa selección de pintura española de los siglos XIX y XX.

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